Argentina, sin modelo aerocomercial
Política aerocomercial, una pieza clave. Tener una correcta política aerocomercial es ítem fundamental en el armado y desarrollo de cualquier nación moderna. Una herramienta imprescindible para fomentar varios y diversos sectores del país; desde el comercio hasta las comunicaciones, pasando por el turismo, la salud pública y otros servicios básicos que debe brindar el Estado.
La gran injerencia que tiene la política aerocomercial en el armado de un país la transforma en un factor ineludible. Y como todo factor imprescindible, éste debe ser pautado y definido desde un principio para, así, desarrollarlos en su máximo potencial.
Se pueden reconocer tres tipos distintos de política aerocomercial, los cuales describiremos líneas abajo, que llevan adelante las diferentes naciones. Pero, como no podía ser de otra manera, la Argentina es la excepción que confirma la regla. El sistema aerocomercial de nuestro país no se ajusta a ninguno de los modelos imperantes en el mundo.
Los modelos aerocomerciales existentes en la actualidad se podrían calificar de la siguiente manera: estatal, mixto o privado. En el primero de ellos prima la idea de que las líneas aéreas deben ser de los Estados nacionales, haciéndose éstos cargo de todos los gastos que eso implica, es decir, sin importar cuán deficitaria sea la empresa, los costos son absorbidos por el erario público. Esto no significa que las empresas estatales tengan el monopolio, pero sí una muy alta participación del mercado. En este caso no se le exige ninguna rentabilidad a la compañía. Un ejemplo claro de este sistema es la italiana Alitalia. En abril pasado el primer ministro saliente, Romano Prodi, autorizó un salvataje de 300 millones de euros para la aerolínea, decisión que fue apoyada por el actual mandatario italiano, Silvio Berlusconi.
El principal exponente del modelo mixto se puede encontrar en los Estados Unidos. El Estado no posee líneas aéreas y abre los cielos fomentando la competencia entre las compañías privadas; pero esto no significa que se retire totalmente de mercado, ya que siguen interviniendo compensando a las compañías que tienen una menor participación para que éstas cubran sus pérdidas. En este caso, las líneas aéreas sí están interesadas en obtener beneficios ya que de eso depende su rentabilidad; el dinero público les cubre el déficit pero no les da ganancia. De esta manera, los gobiernos se aseguran el transporte aéreo y una acotada participación en el mismo con menos erogaciones de sus tesoros nacionales.
Por último, dentro de esta terna de políticas aerocomerciales, nos queda el modelo privado. En éste los Estados no subvencionan de ninguna manera a las líneas aéreas. Para decirlo más sencillamente, los gobiernos "no ponen un peso" para las compañías, las cuales son lógicamente privadas. En este punto, la brasileña Varig es un caso testigo: supo ser la aerolínea más grande de Latinoamérica y cuando entró en quiebra, Brasil ni se molestó por salvarla. Retomando lo dicho párrafos arriba, Argentina no tomó, hasta hoy, ninguno de estos tres modelos. Somos el único país donde el Estado tiene a su cargo, gastos incluidos por supuesto, cuatro líneas aéreas (Aerolíneas Argentinas, Austral, LADE y LAFSA) y todas, luego de la reprivatización de AA, son subvencionadas, en su totalidad, con dinero del erario público. En sumas cuentas tiene dispersos tanto las energías como los recursos, y no concentrados.
Sin dudas, el caso más paradigmático de estas aerolíneas nacionales es LAFSA, una línea que nunca voló, pero se calcula que ya le costó cerca de 200 millones de pesos a las cuentas públicas, desde su creación en 2003. Actualmente, aunque se encuentra en proceso de liquidación, sigue teniendo presupuesto asignado y empleados que cobran sueldos de hasta 10.500 pesos en mano.
No es objetivo de esta nota señalar cuál de los modelos descriptos es el más indicado para el país, pero sí alertar sobre la imperiosa necesidad de definir una política aerocomercial clara que dirija todos los esfuerzos para un mismo lado y termine, de una vez y para siempre, con el caos que gobierna nuestros cielos.
Fuente: La Mañana. Córdoba



